No
era un capricho. Aquél era un llamado…inexplicable para la razón. Había
comenzado como una incomodidad. Una inquietud que obliga a moverse, a cuestionarse.
¿Hay algo más para mí, más allá de mi cotidianidad?
El
rol de madre está cumplido. Ellos han volado. Ahora se hacen cargo de sus propias
vidas. Tienen mi bendición. El de esposa devota, ya me pesa. Es un disfraz
desgastado por los años. ¿Acaso voy a tierras griegas para devolverlo a Hera?
Sí, me dio identidad y propósito. Estoy agradecida, sin embargo, hay algo más
que debo hacer: Desempacar mis alas que han estado guardadas. Ya no están rotas.
Las he reparado en el Taller de Alas con hilos de perdón, entendimiento y
aceptación. Cada Arcángel me dio una
hebra. La Minusvalía, la Insuficiencia, y la Insignificancia han dejado de ser
mis compañeras de vida. Las dejo ir con gratitud. Me enseñaron duras lecciones,
de las que extraje aprendizajes y experiencias; pero hoy estoy lista para
aprender de maneras sutiles y gozosas.
Mis
alas tienen plumas de aves nativas, de águila soberana. Las he teñido de colores
vibrantes. Están listas para volar…
Iré a lo alto de la colina y le diré al
Maestro que me ausentarme un tiempo, antes de cumplir la encomienda que tiene para
mí. Después tomaré impulso y daré un salto de Fe. Mis alas desplegadas me llevarán
a donde mi alma me ha estado llamando.
Ella,
la Torre, me estará esperando como un reflejo de mi Soberanía interior. Y
después iré con las diosas del Olimpo. En mi mapa aparece una cita con el
Misticismo. No sé exactamente qué significa eso, aunque iré a averiguarlo.
He cumplido mis promesas. Ahora me toca responder
al llamado de mi alma de escribana.
No
volveré siendo la misma.
Éste
es un viaje iniciático.