lunes, 26 de enero de 2026

ELLA CUMPLE AÑOS


Ella comienza un nuevo ciclo. Varios cierres vienen implícitos. Es tiempo de avanzar con el corazón resiliente. Los momentos caóticos quedaron atrás: solo fueron experiencias, lecciones de la Vida que muchas veces se desordena. La Incertidumbre sigue cómodamente sentada en el sillón que da al ventanal. Ella la mira cada mañana y le sonríe. Ya no la desquicia. ¡Aprendió tanto!

Pudo observar los patrones que la mantenían dando vueltas como un disco rayado. Se cansó de las repeticiones. Eligió de nuevo. Ahora anda ligera, soltó lo que no le correspondía cargar. Tiene otro ritmo: más cadencioso, con pausas y silencios.

Es invierno, y ella, otoñal. En esta etapa es imprescindible reinventarse. Resignificar el camino andado. Agradecer, perdonarse y avanzar, un paso a la vez. Su actuar no es frenético; es consensuado con el Poder que la guía. Sabe que no está sola. Fue transfigurada. Una Fe ascendente crece dentro de ella como una vid que se eleva por el parral, promesa del éxtasis divino. Dioniso había encontrado su deseo apagado; esta vez, ella lo alimenta. Se embriaga de sí misma. Recuerda su naturaleza salvaje. Ya no habrá ataduras que la sujeten. Es libre.

Ella cumple años. Se siente viva. Acepta lo que es. Se soltará el pelo. Jugará con el viento y ensanchará la sonrisa. Se reirá de sí misma. Hará una maleta y viajará a lugares pintorescos. Tal vez encuentre al Mago o al Trotamundos: recordatorios de que la Magia es real. Subirá a la colina y desde ahí tomará su pluma y escribirá más historias.

 Honrará su don.

 



domingo, 25 de enero de 2026

CARTA A LA DIOSA HERA

Querida Hera:

                         Cuando descubrí que habitabas en mí, comprendí que no eras un mito distante, sino encarnado. Yo, me atavié con tus ropajes de diosa antigua. Devota de su Zeus. Mujer de lealtad inquebrantable.

Me enseñaste a no abandonar el barco, aun en las peores tormentas. A sostener, incluso cuando dolía. Me repetí, una y otra vez, que debía permanecer a cualquier precio. Y lo hice.

Me refugié en tu templo. Me incliné ante tu altar. Lo llené de ofrendas. Renuncié a otras diosas, a otras voces, a otros destinos posibles. Creí, durante mucho tiempo, que tu fuerza era la mía. Me perdí en ti. Dejé de percibir mis límites. ¿Te habité o me habitaste? No lo sé, pero lo abarcabas todo. Me envolviste con tu manto hasta casi sofocarme. No es reclamo. Reconozco mi rol en el mito. Encajé en tu molde.

Hace tiempo que siento un tremor en el pecho. Una grieta que va resquebrajando tu morada en mí. Es un deseo antiguo, casi apagado, que aún late. Me lo entregó Dioniso, un día que descendí a sus confines. Narró que “había tropezado con él”. Desde entonces he cuidado de mi deseo y ha revivido. Lo he insuflado con la devoción que aprendí de ti.

Te escribo para agradecerte que, durante cuarenta años, le diste sentido a mi vida. Tu templo, tan vasto, ya no es más mi hogar. He escuchado el llamado de otras diosas. Debo partir. Continuar mi viaje heroico. Mi destino está en las estrellas. ¿Sabes? Durante todo este tiempo gesté unas alas. Tardías y otoñales, pero robustas y de gran envergadura.

Me desnudo de tus ropajes, Gran Señora, plegándolos con reverencia. Te los devuelvo. Vendrán otras doncellas a perpetuar el mito. Ya no quepo en tu molde, pero eres historia viva en mi corazón.  Ya no puedes, mi diosa amada, ser el único lente a través del cual miro la Vida. Me despido sin quebranto. Doy pasos hacia atrás, jamás te daría la espalda, hasta cruzar el umbral de tu templo con profunda gratitud. La puerta queda entreabierta.

Al amanecer, subiré a la cima de la colina y desplegaré mis alas.

Ascenderé hasta encontrar mi destino.

Tal vez, también me convierta en diosa.


                                                                     

                                                           Imagen creada con COPILOT


ÉL NO LA ENGAÑÓ


Él no la engañó. Ella se engañó a sí misma. Ingenua, joven e idealista. Creyente del príncipe azul. Del poder del amor para cambiar a alguien. De la eterna espera.

Se entregó al mito de Hera, la diosa del matrimonio, devota de su Zeus, como si pudiera salvarla. Como si tuviera el poder de detener el sangrado del aquel corazón sensible y abandonado.

Ella renunció a todo por seguirlo. Conoció todas sus facetas, aun las más oscuras. Pudo haberse marchado y, sin embargo, se quedó. La herida parecía sanarse.

Permaneció, permaneció, permaneció.

Se convirtió en madre, los hijos crecieron y se marcharon y ella seguía ahí.

Una inquietud en su pecho comenzó a agitarse como las alas de un ave…

Era algo poderoso. Tal vez, el alma reclamando su territorio.

Un día de frío invierno dejó de negarlo.

Hizo una maleta y se marchó…

No era preciso dar explicaciones, sin embargo, quiso aclararlo en una nota: “No fuiste tú mi prisión, fui prisionera de mi propia narrativa romántica. Lo siento”.

Tejidas con hilos de vocación reprimida y de deseo antiguo, sus alas eran de gran envergadura.  Alas hilvanadas en silencio. Alas tardías, otoñales, robustas.

Ya no importaba si la llamaban “loca”. 

Subiría a la cima de la colina y daría el salto luminoso.

Ascendería.

 

                                                                        

                                                             Imagen creada con COPILOT


 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

NOCHE DE ASOMBRO

 

Una estrella que guía. Un niño envuelto en trapos en un humilde pesebre. Oro, incienso y mirra como ofrenda. ¡El nacimiento de la luz y la esperanza!

El mito, sin duda, es hermoso. No en vano ha tocado tantos corazones durante dos milenios. La importancia de Jesús, independientemente de si se cree en él o no, partió la Historia de la humanidad. Contamos los años a.C antes de Cristo y d.C después de Cristo.

Desde tiempo inmemorial, los seres humanos tuvieron la necesidad de explicarse lo que no comprendían. Desde su origen, los ciclos de la vida y la muerte, hasta los fenómenos temibles de la Naturaleza. Así surgió el politeísmo, las filosofías espirituales, el monoteísmo, las teologías, etc. Todo por el afán de explicar a Dios.

Imaginemos a ese primer hombre, parado en un montículo de tierra, admirando la bóveda celeste llena de estrellas lejanas. Dejándose abrazar por el Misterio de lo Inefable. Sintiéndose, paradójicamente, diminuto y al mismo tiempo, parte de lo que miraba, pero no entendía. De su Asombro brotó la búsqueda de Entendimiento. Nacieron los mitos, sin embargo, ¿quién puede contener la inmensidad del cosmos en un relato?

Jesús se convirtió en el centro de una religión que quizás no pretendía fundar. Tal vez, entre dogmas incuestionables, narrativas de culpa, miedo, pecado, castigo, salvación, se perdió el verdadero sentido del AMOR.

Casi un tercio de la humanidad cree en Jesús. El islam, hinduismo, budismo, otras religiones y los agnósticos conforman otros porcentajes. ¿Quién posee la verdad absoluta? La división entre “creyentes” y “no creyentes” provoca exclusión. El juicio eterno. Las luchas religiosas en nombre de Dios son locura. No se trata de convencerse mutuamente. Es una dinámica que no ha funcionado porque la paz se nos sigue escapando entre narrativas que encarcelan, en vez de inspirar. Mientras seguimos construyendo muros de separación, seguimos negando el AMOR.

El Amor como flujo, fuerza, resonancia y conexión. El Amor como hilo conductor. El Amor como camino. El Amor como luz. El Amor como Presencia.

En esta noche invernal, fría y nostálgica también quiero admirar la bóveda celeste llena de estrellas lejanas y sentir el Abrazo de lo que no se puede nombrar. Enmudecer ante el Misterio y creer con el corazón que podemos renacer a la Luz. Así en la tierra como en el cielo.

Deseo lo mismo para ti, querido lector.


                                                           Imagen creada con Copilot

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

CARTA A LA INCERTIDUMBRE

 

Querida Incertidumbre:

                                  Llegaste este año y me da la impresión de que no piensas marcharte pronto. Parecías disfrutar con mi angustia cada vez que te preguntaba ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo vas a quedarte? Tu sonrisa irónica era la única respuesta. Casi lograste que mi sistema nervioso colapsara. Me empujaste hasta el borde de un abismo negro. Fue entonces cuando empecé a inhalar y exhalar…inhalar y exhalar…inhalar y exhalar. Supongo que no me conoces, pero soy de esas personas que les gusta cuestionar y no se queda conforme con cualquier respuesta. Argumento, debato y me gusta tener la razón.

Simplemente llegaste un día de mayo sin ser invitada. Y desde entonces me observas desde el sofá donde decidiste acomodarte ¿Acaso eres muda?

¡Un momento! ¿Acaso me hablas en el Silencio? Te miro de frente y me pierdo en tus ojos tornasoles que giran como caleidoscopios. ¡Estás llena de posibilidades! Veo un mapa de lugares inexplorados. ¿Acaso pretendes que los transite? De hecho, me forzaste ya a caminar por algunos senderos bastantes espinosos. ¡Estoy tan cansada! Pido una tregua. ¿Quién te envió a mi vida este año? ¡Yo tenía otros planes!

De pronto tu presencia se siente más liviana, casi percibo un abrazo etéreo. No, no eres mi enemiga. Eres un oráculo extraño. No respondes a mis dudas, pero me obligas a buscarlas en mi interior. Me has traído a un espacio liminal que he dejado de temer.  

Debo admitirlo, he tenido varias Revelaciones. Los sucesos me han transfigurado. Estoy en medio de la que fui y de la que seré. ¿Sabes que conservo? Mi corazón sensible, que ahora además es resiliente. Corazón que tuvo el valor de no acorazarse para seguir escribiendo.

Hoy tomé mi pluma, después de algunos meses, para dirigirte estas líneas. Has dejado de incomodarme. Puedes quedarte en el sofá el tiempo que quieras. Hace frío. Me sentaré junto a ti y beberemos chocolate caliente mientras el invierno llega…


                                                           Imagen creada con Copilot

jueves, 25 de septiembre de 2025

ENTRE LÍNEAS

¿Quién podría poseer el Misterio de lo que realmente eres?

A ti, no hay que explicarte, ni entenderte, alabarte, ni temerte o adorarte.

A ti, hay que experimentarte. Contemplarte. Leerte entre líneas. Descifrarte…

 Eres la energía que da vida al entretejido, la fuerza primigenia de amor, la inteligencia suprema, el orden universal. Podría seguir en mi intento por definirte. Eso ha hecho la raza humana por eones.

Necesito romper el patrón.

Ya no esperaré a tener una palabra para nombrarte. Porque eso era lo que estaba buscando: Un vocablo que vibrara en mí, para acercarnos.

¿Cómo sentir al Universo tan impersonal, íntimo?

¿Cómo compactar la Creación en dos sílabas?

Ahora me doy cuenta de que estar separados es una ilusión.

Debo parar mis razonamientos.

Sé que mis respuestas lógicas y terrenales no tendrán, aquí, respuestas porque ellas habitan en lo Cósmico, en el Misterio, en lo Intangible.

 Así que no me queda más remedio que elevarme.

 Ascender.

Hoy, he de rendirme a lo que no se puede nombrar y aun así saber, con todo mi ser, que existes ¡DIOS!

                                        

La indevota


Imagen creada con Copilot

miércoles, 17 de septiembre de 2025

LA INDEVOTA

 

Hace un año amanecía en París. Era el anhelo de mi corazón, regresar a la ciudad luz. Era la tercera vez que pisaba suelo francés.

La primera, fui como la típica turista. Tenía solamente quince años. La segunda, fue en el 2013 cuando acompañé a mi querida amiga, Andrea a visitar a su hermana que radica en Andrésy, un curioso poblado a las afueras de la ciudad. En aquella ocasión, conmovida hasta las lágrimas, pude sentir frente a un cuadro de Vincent Van Gogh la vibración que conecta a todos los artistas que han estado en París. Algo mágico debía tener ese lugar que atraía a creadores de todas las corrientes y las épocas. El cuadro colgaba de un murete del Museo d´Orsay, una antigua estación de tren con su emblemático reloj que desde la fachada mira al río Sena.

         Mi tercer viaje tenía una intención diferente. Era un reencuentro con la magnífica Torre Eiffel. Un símbolo que resuena profundamente en mi interior. ¿Qué cómo lo sé? Lo descubrí, un día, entre las líneas de mi diario.

Los psicólogos dicen que “proyectamos” en las personas nuestra sombra. Es decir, vemos afuera lo que no podemos ver dentro de nosotros mismos. Así, el otro nos sirve de espejo. La mayoría de las veces las proyecciones son negativas. Por ejemplo: Si critico ferozmente a un mentiroso, es porque probablemente yo también lo soy, pero no lo quiero asumir. El punto es que me di cuenta de que yo proyectaba algo en la torre construida por Gustavo Eiffel en 1889.

¿Proyectarme en un objeto era posible? Y si era cierto, ¿qué era “eso” que el emblemático monumento me reflejaba?

“Soberanía”, fue la respuesta. Ahí estaba ella, tan digna y tan dueña de sí misma. Tenía que sentirla en cada poro de mi piel. Los cinco días que duró nuestra estancia en París, la fui a ver diariamente. Si de día era hermosa, de noche resplandecía como ama y señora de la ciudad.

Podría haberme quedado ahí, admirándola para siempre, pero todo viaje tiene su final. Me despedí de ella, agradecida y con la promesa interior de ser dueña y soberana de mí misma. La llevaría siempre en mi corazón.

El recuerdo de aquel viaje aún alegra mi alma y es, además consuelo en el ahora. La Vida nos sorprendió con giro brutal.  Llevo tres meses a cargo de mi madre, quien sufrió un derrame cerebral con graves secuelas. Y aunque no está viviendo en mi casa, tengo la responsabilidad de facilitarle todo lo que requiera para su mejor estar. Su vida se derrumbó de un día para otro. En el instante en que un coágulo se alojó donde no debía, privando de oxígeno a la parte del cerebro encargado del habla y la deglución. Desde entonces vivimos en un duelo extraño. Ya no es la que fue. Esa guerrera independiente a la que no se le atoraba nada. Ahora está viviendo el otro extremo de la polaridad. Cien por ciento dependiente, necesitando cuidados de veinticuatro horas.

         He llenado páginas y páginas con palabras que me ayuden a entender y aceptar esta nueva faceta en nuestras vidas. He comparado lo que pasó con una explosión, un naufragio, una tormenta, un desierto árido, entre otros paisajes. Las metáforas no me alcanzan para expresar esta conmoción que nos mandó al fondo del laberinto.

¿Crisis de Fe? Por supuesto, pero no por creer y dejar de hacerlo, sino por no creer. Las narrativas que escucho en otros miembros de la familia no me hacen ningún sentido. “Es la voluntad de Dios”, “Dios sabe porqué hace las cosas” “El Señor va a obrar un milagro” y ese tipo de frases trilladas que yo, sí me cuestiono. No me imagino a Dios frente a un tablero jugando con los destinos de los seres humanos.

Entonces tomo la pluma e indago:

¿Qué me pasa a mí con esta situación, ahora ineludible, que me altera, incomoda, afecta, sacude, cimbra, que me trastoca hasta lo más íntimo de mi ser?

         Quiero llegar al fondo. Deambular en los confines del significado y el sentido hasta encontrar las repuestas. Y poco a poco, como una fotografía, se revela el sentido oculto en el cuarto oscuro de mi alma.

         Para que una imagen se imprima, primero hay una impronta lumínica. Todo proceso oscuro fue primero, tocado por la luz. El proceso de revelado es la luz recordándose a sí misma.

Me pregunto si todas las tragedias tienen el sentido profundo de volvernos místicos.

Ya el Misticismo rozaba el dintel de mi alma, el año pasado en el mismo viaje. Después de París fuimos a Grecia. El barco navegaba por el mar Egeo. Hizo escala en la isla rocosa de Patmos donde Juan, el apóstol de Jesús fue exiliado por el emperador romano, Domiciano.  Se cuenta que fue en una cueva, ahora convertida en monasterio, donde Juan recibió la Revelación del Apocalipsis.

Un año después, tengo mi Epifanía.

Yo, la indevota, fui transfigurada como Jesús en el Tabor. Tocada por el Misterio de la Luz que resplandeció como un rayo fulminante. Por un instante, dejé de ser humana para recordarme etérea. Después volví a ser de carne, sin embargo, la luz ya había dejado su huella. Ya no soy la que cuestiona. Como Teresa, fui herida con la flecha de la Fe. Convertida en llama viva y ardiente alumbraré el camino que nos toca recorrer porque:

 “Todo se pasa. Dios no se muda. La Paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”.

 

                                                   Imagen creada por Copilot