Ella
comienza un nuevo ciclo. Varios cierres vienen implícitos. Es tiempo de avanzar
con el corazón resiliente. Los momentos caóticos quedaron atrás: solo fueron
experiencias, lecciones de la Vida que muchas veces se desordena. La
Incertidumbre sigue cómodamente sentada en el sillón que da al ventanal. Ella
la mira cada mañana y le sonríe. Ya no la desquicia. ¡Aprendió tanto!
Pudo
observar los patrones que la mantenían dando vueltas como un disco rayado. Se
cansó de las repeticiones. Eligió de nuevo. Ahora anda ligera, soltó lo
que no le correspondía cargar. Tiene otro ritmo: más cadencioso, con pausas y
silencios.
Es
invierno, y ella, otoñal. En esta etapa es imprescindible reinventarse.
Resignificar el camino andado. Agradecer, perdonarse y avanzar, un paso a la
vez. Su actuar no es frenético; es consensuado con el Poder que la guía. Sabe
que no está sola. Fue transfigurada. Una Fe ascendente crece dentro de ella
como una vid que se eleva por el parral, promesa del éxtasis divino. Dioniso
había encontrado su deseo apagado; esta vez, ella lo alimenta. Se embriaga de
sí misma. Recuerda su naturaleza salvaje. Ya no habrá ataduras que la sujeten.
Es libre.
Ella cumple años. Se siente viva. Acepta lo que es. Se soltará el pelo. Jugará con el viento y ensanchará la sonrisa. Se reirá de sí misma. Hará una maleta y viajará a lugares pintorescos. Tal vez encuentre al Mago o al Trotamundos: recordatorios de que la Magia es real. Subirá a la colina y desde ahí tomará su pluma y escribirá más historias.
Honrará su don.


