viernes, 17 de abril de 2026

PLUMAS DISIDENTES

 

Leer cada día las noticias descorazona a cualquier mexicano decente. ¿Qué podemos hacer como simples ciudadanos para contrarrestar el declive de nuestra sociedad? Tomar la pluma y escribir es una opción. La frase “la pluma es más poderosa que la espada” se le atribuye al escritor y dramaturgo británico Edward Bulwer-Lytton en la obra de teatro Richeliu de 1839.

Si bien el acto de escribir y publicar estuvo vedado para las mujeres durante siglos, hoy aparecen plumas noveles y valientes dispuestas a tomar las oportunidades que la tecnología moderna brinda: redes sociales, blogs, podcasts, páginas web, autopublicación, entre otras.

Dahlia de la Cerda es un claro ejemplo. Nacida en Aguascalientes en 1985 se crio en colonias populares y barrios de la Sierra de Jalisco. Estudió Filosofía sin titularse, aunque eso no le impidió salir de la marginación en la que vivía.

Su libro “Perras de reserva”, publicado en 2019 bajo el sello editorial Sexto Piso, consiste en una serie de relatos, aparentemente individuales, que al avanzar en la lectura terminan unidos por un hilo conductor. El corte feminista es innegable, justificado. Los temas incluyen: aborto, pobreza, delincuencia, brujería, violencia, narcotráfico, misoginia, abuso de poder. La estrategia narrativa es impecable. Los personajes se vuelven inolvidables. A través de una prosa irreverente, fluida y combativa la autora nos lleva a los submundos que no quisiéramos visitar y que, sin embargo, son un retrato de la realidad en México. Este libro es un grito denunciante. Es súplica y reclamo al mismo tiempo.

Dahlia se ha convertido en una figura polémica porque su pluma incomoda, nombra lo que duele. Ante la imposibilidad de arreglar el sistema, les da voz a historias desgarradoras, que sistemáticamente se repiten en el México actual.  

En sus perfiles se define como “Activista contra los fundamentalismos”. Recordemos la definición: Fundamentalismo es la postura —religiosa, política, ideológica o incluso cultural— que convierte un conjunto de creencias en verdades absolutas, innegociables y no sujetas a interpretación, duda o matiz. El verdadero problema no es la creencia en sí, sino la rigidez con la que se sostiene.

Los fundamentalismos de cualquier índole provocan polarización, censura, obediencia ciega, estancamiento colectivo. Van en contra del don preciado de la libertad.

Entonces aparecen plumas valientes, tintas disidentes, voces inconformes que se vuelven causa y compromiso. Gestadas en la oscuridad nacen —de los úteros heridos, de las fosas clandestinas, de los desiertos de huesos— historias que urgen ser dadas a luz.

 Lecturas duras, casi obligadas.