Yo te lo diré… te conviertes en el artista que mueve corazones, que alteras fibras emocionales, en el espejo donde el espectador ve su propia sensibilidad.
Bajo la gran carpa, entre telas y luces somos transportados a un mundo intangible. Un acto de magia. Entrados ya en esa extraña dimensión somos abrazados por el Misterio.
Afloran los recuerdos, nuestra alma de niño se asoma ante el espectáculo con los ojos muy abiertos y el corazón sorprendido.
Veo a la Inspiración vestida con una túnica dorada y portadora de una corona, girando al ritmo de tu melodía. Y aparece la Nostalgia, ataviada de un traje azul, dejando una estela de aire frío a su paso.
Una lágrima se
derrama en mi rostro. El duelo por el que estoy atravesando no es abismo, sino
espacio vacío para gestarme de nuevo. Tu arte me fecunda. La nota elevada del
saxofón nos vuelve a la realidad. Termina el acto. Aplaudimos. Cuando las luces
se atenúan, acaba la función. Y yo, vuelvo a mi cotidianidad.
Desempolvo mi pluma y
escribo…

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