domingo, 30 de agosto de 2026

EL DIVO DE JUÁREZ

 

Hace diez años, Juan Gabriel nos dejó. Se fue sorpresivamente un domingo de agosto. Se encontraba de gira en Santa Mónica, California; casi muere en el escenario. Partió, pero nos legó su arte, su música, sus canciones, su historia…

    El último hijo de doña Victoria y don Gabriel. Vástago no deseado de una numerosa y humilde familia michoacana que emigró a Ciudad Juárez después de que el progenitor fuera internado en un hospital psiquiátrico. Al no poder cuidarlo su madre lo llevó a un internado donde pasó gran parte de su infancia. Ahí conoció a “Juanito” quien le enseñó a tocar la guitarra. En sus propias palabras: "La música lo salvó".

    En ese corazón de niño abandonado germinó la semilla que lo convertiría en el cantautor más emblemático de la música mexicana contemporánea. Canciones como “La diferencia”, “Amor eterno”, “Querida”, “Hasta que te conocí”, “Abrázame muy fuerte”, se volvieron no solo parte de un catálogo musical de más de mil ochocientas composiciones, sino que permearon en el inconsciente colectivo de la cultura nacional. No hay serenata actual sin una canción de Juan Gabriel. No hay un 10 de mayo sin “Amor eterno”. No hay un corazón roto que no se reconozca en sus letras.

    Cada vez que Juan Gabriel se subía al escenario, su mirada se llenaba de luz. Su voz vibraba, su cuerpo se estremecía. Todo él se convertía en música, en un ecualizador de emociones. Emotivo, teatral, auténtico.

     Las letras de sus canciones eran un hilo —conductor y eléctrico —que conectaba al público quien terminaba cantando al unísono durante sus conciertos. Los aplausos eran la ofrenda. ¿Qué más podía entregar una audiencia que había sido tocada en las fibras más profundas de su ser?

    Cuando Juan Gabriel hablaba de su madre, se le obnubilaba la mirada. Todas sus canciones no bastaron para sanar de lleno el corazón de ese niño abandonado y, sin embargo, quienes gozamos y sufrimos con sus canciones, agradecemos que esa mujer lo haya dejado solo y triste. Tal vez el rol de villana era imprescindible en el guion de sus vidas. ¿Cómo podría haber compuesto esas canciones sin ese corazón carente de amor maternal?

    Aquel 28 de agosto se proyectaría también el último capítulo de la bioserie “Hasta que te conocí”. Sí, Juan Gabriel moría el mismo día en que se terminaba de contar su historia. Un final magistral.

    Cómo quisiera que tú vivieras, que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca y estar mirándolos…

Juan Gabriel murió del corazón. No podía haber sido de otra manera.




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