viernes, 7 de febrero de 2014

QUÉ MI LIBERTAD NO TE ASUSTE


 
AMOR MÍO
 
Qué mi libertad no te asuste

Qué mi belleza no te encele

Qué mis temores no te frenen

Qué mi amor te envuelva

Qué mi luz te alcance

Qué mi risa te contagie

Qué mi sensualidad te provoque

Qué mi cuerpo te reciba

Qué mis labios te besen

Qué mi feminidad te sane

Qué mis palabras toquen tu alma

Qué mi corazón te guarde

Qué mis alas no te acobarden

porque entre más libre me siento,

más sentido tiene haberte elegido

para compartir mi vida.

 

 
Imagen de internet

martes, 28 de enero de 2014

A VECES


A veces profundamente conectada, otras  haciendo corto circuito...

A veces escuchando los dictados del alma, otras los gritos del ego...

A veces luminosa, a veces oscura...

A veces amorosa, a veces rencorosa...

A veces rendida, a veces renegada...

A veces mariposa, a veces oruga...

A veces celestial, a veces terrena...

A veces mujer, a veces niña...

A veces sabia, a veces ignorante...

A veces espejo,  a veces añicos...

A veces certera, a veces temerosa...

A veces musa, a veces prisionera...

A veces reina, a veces mendiga...

A veces tan yo, a veces tan perdida...

Y en este andar me conozco un poco más,

tocando mi sombra y volviendo a la luz iluminando mi  propio camino.

Custodiada por ángeles sigo avanzando hacia el lugar donde la dualidad se funde,
la llaman: la Zona de Milagros.
 

 

 

viernes, 24 de enero de 2014

TIEMPO DE RECONCILIACIÓN

...No, no se trataba de pegar los pedazos de nuestra historia rota, era algo mucho profundo; por eso decidí volver al laberinto, necesitaba ir a los Hornos de la Alquimia. Guardé nuestra historia hecha trozos en una bolsa de tela y bajé al Reino de lo Profundo. Fue relativamente fácil llegar pues ya conocía el camino, aunque no por eso dejaba de sorprenderme. Reconocí el lugar donde estaban mis siete hornos. Escogí uno de los que estaban vacíos y eché uno a uno los recuerdos, los hubiera, las interpretaciones, las mentiras, las cobardías, las soberbias, las suposiciones, las versiones, las expectativas, las ausencias, las creencias, hasta los olvidos.  Era tiempo de reconciliación. Revolví todo con una vara de madera que encontré por ahí y cerré la tapa. Me pinché el dedo con una aguja que llevaba pues sabía que el horno se encendía con una gota de sangre. Poco a poco la temperatura comenzó a subir, ahora sólo era tiempo de esperar. Pude haberme quedado sentada junto al horno pero debía hacer algo más. Crucé los pasillos del  laberinto hasta llegar a la Puerta de la Enfermedad que estaba abierta, parecía que una vez más, tendría algo que enseñarme, pero ahora había una diferencia, no era mi cuerpo el que estaba enfermo, alguien de mi linaje había pasado por ahí. No era mi batalla, ni quería librarla,  pero sabía que tenía la opción de ser una guía en el ya conocido lugar. Podía ser como la luz de una vela que alumbra el oscuro camino, era mi elección. Y ahí en la oscuridad,  una vez más brilló una pequeña luz, era la esperanza de escribir nuevas líneas en nuestra historia. ¿Con qué tinta escribiría al menos la parte que a mí me correspondía? La vida nos daba una última oportunidad, sería el capítulo final...

viernes, 17 de enero de 2014

EL HOMBRE ENCADENADO AL TIEMPO

(Cuento corto)


En el espejo cósmico una  vieja bruja y su joven aprendiz  observaban una escena:
Prisionero de su mente, un hombre estaba encadenado al tiempo. No sabía vivir en el Presente. Se había perdido a si mismo por no querer crecer y se quedó atrapado en un laberinto llamado pasado. La vida continuó, pero él seguía recordando solamente los mejores años de su juventud. No probó del exquisito fruto de la madurez. Casi sin darse cuenta, le llegó la vejez pero seguía aferrado al pasado; entonces llegó la Maestra Enfermedad para darle la lección que nunca había querido aprender: crecer. Quizás sería su última oportunidad de madurar. Extrañamente, dejó de hablar del pasado, ¿habría comprendido finalmente que la vida se vive en presente? ¡No! Ahora se angustiaba del futuro incierto que le depararía su mal. ¡Sólo había cambiado de laberinto!
-¿Por qué no lo ayudamos? quizás podríamos entrar al laberinto y mostrarle la salida.- Sugirió la aprendiz.
-Mi querida niña, una de las lecciones más duras de aprender es que no podemos andar por la vida “salvando” a las personas. No debemos librar las batallas que no nos corresponden. Cada quien lleva en su interior, la fuerza para combatir sus propios dragones. Yo tardé muchos años en entenderlo pero eso me hizo sabia.-
-Entonces ¿no hay nada que podamos hacer por él?- Insistió la joven.
-Le enviaremos unos polvos mágicos, quizás recuerde su heroísmo dormido.- Dijo la bruja complacientemente.
-¿Funcionará? ¿Y si no lo hace?-
-Será su elección, no podemos hacer nada contra el libre albedrio de las personas, es un regalo divino.
-¿Estás diciendo que está ahí por decisión propia?-
-Así es. Ser prisionero del tiempo es una elección, él solo se ha puesto esas cadenas pero también tiene la llave para liberarse. Tal vez cuando el dolor doblegue su ego, surgirá la fuerza que hasta ahora desconoce de si mismo.-
-¿Por qué aprendemos hasta que nos duele?-
-Porque el dolor redime.- Contestó la bruja con sabiduría.
La joven derramó dos lágrimas. La vieja la miró con profundo amor pues sabía que el hombre en el laberinto era su padre.
-Todavía no llega el momento en que esta humanidad esté libre de dolor pero estamos en el proceso, la Creación está siendo restaurada.- Explicó la bruja sin saber si la joven comprendería sus palabras y después agregó:
-Qué no debamos entrar en su laberinto no significa que no podamos enviarle un poderoso rayo de sanación y todo nuestro amor.-
Ambas mujeres juntaron sus manos sintiendo el calor de la energía sanadora y la lanzaron directo al laberinto mientras el hombre dormía en aquella noche de luna llena.  

 


 

lunes, 13 de enero de 2014

AL FIN Y AL CABO SOY UNA SOÑADORA


El hacedor de libros estaba tan ocupado que no había revisado su brújula que le orientaba para buscar los escribanos que le faltaban para cumplir su  encomienda. Debía  reunir textos escritos con plumas de diferentes aves. Cada especie de pluma tenía un poder especial y hacía que su portador se convirtiera en un escribano del alma.  Aunque eran muchos y estaban diseminados por todos los reinos, tenían una misma misión: colaborar con el plan divino del amor, tocando corazones a través de la palabra escrita. El buen hombre ya había encontrado los textos escritos con pluma de águila,  cisne,  búho,  colibrí y gaviota sin embargo, le hacía falta encontrar a los portadores de la pluma de pavo real y de ave fénix.

Mientras tanto, Lavi escribía cuentos de sanación para corazones atormentados, en la pequeña aldea  donde el viento la había llevado. Llevaba algún tiempo sin volar en su globo rojo, algo le decía que debía permanecer ahí. Estaba usando las tintas que le diera el mercader, probando sus poderes ocultos. Ella también tenía una gran encomienda: diseminar la Magia con su pluma de pavo real.  No importaba que fuera letra por letra, palabra por palabra hasta los acentos y los signos contaban, sin embargo, en lo más profundo de su ser sabía que necesitaba al hacedor de libros para expandir la magia de su escritura. Cada noche se dormía con el anhelo de ser encontrada. Un anhelo que se guardaba en el corazón.

Aquella noche, el divino Maestro llamó a la Magia y le entregó una llave en forma de estrella y le pidió que se la llevara a donde hiciera falta. Era la llave que liberaba los anhelos. Mientras Lavi dormía, la Magia sigilosa abrió su corazón y liberó su más preciado anhelo.

Cuando los anhelos son libres para volar, se van al mundo real para hacerse visibles. Sólo era cuestión de tiempo. El encuentro era inevitable.

 

martes, 3 de diciembre de 2013

ELIJO, ELEGIRTE



Lavi llevaba un pergamino dorado en las manos, tenía que atravesar un largo pasillo. Como flanqueando su camino estaban algunos seres oscuros que le querían arrebatar tan preciado tesoro; también estaban la Avaricia, el Reconocimiento, la Fama y la Fortuna quienes extendían sus manos ofreciendo tentadoras ofertas para que les entregara el papiro; pero ella caminaba con los pies firmes en la tierra y la mirada al cielo. Recordó todo ese tiempo que pasó deseando ser publicada, persiguiendo premios, forzando oportunidades sintiéndose tan decepcionada y frustrada. En otro momento hubiera dado cualquier cosa por ver su sueño hecho realidad, pero el divino Maestro tenía otros planes para ella y su escritura y ahora lo comprendía. Podía sentir con su intuición la gran tentación que representaba caminar por ese pasillo pero sabía que no debía distraerse pues el divino Maestro la esperaba al final del camino. Ella tenía la libertad absoluta de detenerse, pero en esta ocasión había elegido por encima de todo al Gran Hacedor. Ya había estado demasiado tiempo perdida en laberintos engañosos. Sabía que su don para escribir bellas palabras, le había sido otorgado de lo Alto, que no le pertenecía, que simplemente se le había dado como un instrumento de sanación para sí misma y para compartirlo con los demás cuando fuera el momento preciso. Recordó también cómo su Ego había querido tener reconocimiento por esas pequeñas grandes obras que escribía con el alma; pero todo eso había quedado atrás sólo era cuestión de caminar un poco más. El ambiente se enrareció y por unos instantes dudó en quedarse por ahí, podría escoger entre varias opciones cómo siempre lo había querido. Respiró profundamente y avanzó tres pasos más. Al fondo había un espejo sobre una mesa de madera preciosa. Lavi sabía del poder de los espejos, éstos eran capaces de mostrar o bien los reflejos más luminosos o los más oscuros, entonces recordó los espejos rotos que había dejado atrás. El pergamino comenzó a brillar y Lavi asomó su rostro al espejo, pidiendo en su interior no ver algo grotesco. Para su sorpresa, apareció un hermoso cáliz que centelló cuatro veces, antes desaparecer y después apareció el rostro del divino Maestro con su mirada profundamente amorosa. Por unos instantes sus miradas se fundieron en una sola, ella era él y él era ella. Lavi se reconocía a si misma en la mirada de aquel Hombre. Su pecho se agitó y su alma se conmovió. Lavi estiró las manos para entregar el pergamino y las manos del Maestro salieron del espejo para tomarlo. Lavi se hincó ante tal manifestación de gracia divina. Jeshua, estiró el pergamino y sopló su aliento divino sobre él haciendo que las letras cobraran vida y se fueran volando.
-Estas palabras escritas con tu pluma, llegarán a los corazones atormentados y serán como un bálsamo que aliviará el dolor. Ésta es mi voluntad. Hecho está.-
Lavi asintió con la cabeza. ¿Cómo decirle no al divino Jeshua? Y solamente murmuró:

-En mi libertad, elijo elegirte.-
 Ahora sus voluntades serían una sola. Al rendirse a la Voluntad Suprema, Lavi sin siquiera notarlo, santificaba su vida.
Los ángeles y guardianes que estaban cerca  se regocijaron y todos los demás seres tuvieron que irse lejos pues en el corazón de la escribana ya no había lugar para ellos.

Sin duda, Jeshua tenía grandes planes para ella, que se irían revelando como un mapa codificado.  La Creación estaba siendo restituida y el Plan Divino estaba en marcha pero sólo quienes veían con los ojos del alma podían darse cuenta; sólo en la profundidad del silencio se revelaba esta verdad sagrada. Ahora Lavi comprendía el modo silencioso e invisible de Dios. La Paz la abrazaba y podía sonreír desde el corazón.

martes, 26 de noviembre de 2013

AQUEL DÍA EN EL LABERINTO


Me encontraba en aquel laberinto, una vez más mi necedad me había metido en él y aunque era un lugar conocido, cada vez me mostraba nuevos recovecos y puertas sin salida. Me sentía tan cansada, como si la fuerza vital me estuviese abandonando; entré a la parte más oscura, las paredes olían a humedad y el frío calaba los huesos. Lo único que había eran espejos rotos, de todas formas, colores y tamaños. El ambiente estaba enrarecido, se escuchaban risas grotescas y los reflejos estaban distorsionados, por donde quiera que miraba sólo había espejos rotos. El aire comenzó a faltarme. Giré y giré hasta caer rendida pues si seguía mirando enloquecería.  Cuando abrí los ojos, tuve la visión más hermosa:
Caminaba descalza, vestida con una túnica semi-transparente, mi pelo suelto era acariciado por el viento, subí los escalones aterciopelados que se postraron ante mí y encontré un espejo que parecía llamarme, era un llamado del corazón. Me acerqué y el latido de mi corazón se aceleró como si aquel objeto tuviera un poder mágico, lo tomé por el mango y asomé mi rostro, vi una copa, un cáliz que centelló y luego desapareció y después quedé extasiada cuando apareció el divino rostro de mi amado Jeshua, era la mirada más amorosa y la sonrisa más compasiva que jamás había visto. Era el rostro humano de Dios que me miraba. Su infinita mirada me reconocía como una parte de su Creación, al tiempo que me reafirmaba como niña, doncella y mujer para que no volviera a buscar una mirada en el mundo exterior. Cada célula de mi cuerpo se regocijó. Sus ojos me devolvieron algo. Su mirada me sanó. Me sentí contenida, amada y mirada por siempre. Y entonces me habló: “Deja que mi Voluntad te encuentre, ya no te resistas, has llegado a la Zona de Milagros”.

Volví a mí pero ya era otra. Fui tocada en el corazón por el misterio crístico y eso era algo que nadie podría arrebatarme. Desde aquel día en el laberinto, todo cambió, mi mirada finita se hizo infinita y ya no miré más espejos rotos porque ahí estaba Él, en los espejos de los otros, restaurándolos como un escultor restaura su obra amada. Y entonces me convertí  en una sierva, como María dije “Sí” y  en mi reino hubo Paz.

Mi pluma se conmovió y la tinta se tiñó de misticismo y mi escritura se hizo plegaria. 


 Amén.